Representantes Kriya Yoga, Laughter Yoga y Spencer Pilates
CENTRO DE FORMACIÓN DE INSTRUCTORES DE PILATES - Montevideo, Uruguay
Representantes Kriya Yoga, Laughter Yoga y Spencer Pilates

Biografía

Hoy miro atrás, hago un repaso y veo que cada circunstancia que me tocó vivir me marcó. Lo bueno, lo malo y aquello que nunca pensé que me ayudaría, me ha llevado a ser lo que soy. Descubrí que para cada cosa hay un tiempo, que todo llega, que todos tenemos que tomar conciencia de nosotros mismos y descubrirnos. Incluso ahora, escribiendo esto, que no es otra cosa que mi historia de vida, puedo conocer algo en mí, que hasta ahora me era ajeno.

Mi relación con el ejercicio físico comenzó siendo muy pequeña. Ya a los cinco años practicaba natación y gimnasia. El club era como mi casa, allí pasaba horas y horas, incursionando también en el voleibol, el básquetbol, el tenis de mesa, buceo y hasta ajedrez. Esa era mi forma de vida, y ya adolescente comencé a competir como federada.

Me gustaba competir, pero no con los demás, sino conmigo misma, mejorar mis tiempos y superar mis actuaciones anteriores. Sentirme segura era mi máximo reto y aunque mi físico pequeño muchas veces me jugó en contra frente a otros competidores, me regocijaba saber que mejoraba paso a paso.

A los 17 años comencé a dar clases a niños del entonces Consejo del Niño, algo que me marcó y me acompaña hasta el día de hoy. Sus sonrisas y sus caritas de agradecimiento son algo que llevo siempre en el mejor de mis recuerdos. Y junto al comienzo de mi aventura como docente, me vinculé a la gimnasia aeróbica, que tuvo su “boom” por aquellos años. Así fue que me especialicé como instructora y abrí mi propio gimnasio.

Este nuevo proyecto me insumía más de seis horas al día en el dictado de las clases, además del tiempo dedicado a la sala de musculación. Y a eso se sumaba la obligación de mantener las cuentas claras para que todo cerrara y el negocio se mantuviera en pie, ya que esa era mi forma de vivir y de mantener a mis tres hermosas y – por aquel entonces – pequeñas hijas.

Fue en ese momento cuando tuve la oportunidad de presentarme a la competencia de “Miss Fitness” de ese año. No lo dudé ni un minuto y comencé a prepararme seis días a la semana, además de seguir un régimen alimenticio muy estricto. Esto llevó a que durante una clase me desvaneciera y fuera internada con una presión arterial de 4/2.

Los médicos intentaban reanimarme. Yo estaba congelada. Sentía que me iba y no tenía fuerzas para reaccionar. El diagnóstico con el que finalmente volví a casa al día siguiente fue de “falta de calorías” y debí seguir un nuevo régimen de alimentación, pero esta vez para reponerme, además de descansar mucho.

Pasaron los años y sentía que nunca recuperé la fuerza y la energía física que tuve. Decenas de médicos, estudios, medicamentos y nada. No podía dormir bien, estaba cansada todo el día y sufría de severas contracturas musculares que me impedían seguir con mi vida normalmente. Me sentía divorciada de mi cuerpo, y eso me afectaba también en lo emocional, ya que toda mi vida estuve conectada a él por medio del deporte y ahora me ganaba la impotencia de saberme distinta.

Uno de los médicos por los que pasé me diagnosticó “fibromialgia”, una enfermedad sin cura, que además no se sabía mucho de dónde provenía. Y también debí pasar por el psiquiatra, ya que sufría de ataques de pánico. Pero allí fue donde llegó el punto de quiebre en mi vida. Alguien cercano me recomendó practicar Yoga. Al comienzo pensé que eso no era para mí, pero la necesidad de mejorar me llevó a probarlo y todo cambió.

La sensibilidad de mis profesores, su sonrisa y el abrazo sincero al recibirme en la clase, además de la práctica en sí misma fueron generando en mi una mejora a nivel físico y espiritual, y decidí especializarme en el yoga. Durante tres años cursé el profesorado, que se complementó con cocimientos alimenticios y filosóficos. Y a pesar de que seguía sin encontrar lo que había perdido, que era mi estado físico y mi fuerza, sentí que una puerta se abrió.

Al poco tiempo viajé a Estados Unidos y conocí la técnica de Joseph Pilates, comencé a practicarla y estudiarla y hoy también se la brindo a mis alumnos como un escape para el estrés que impone el ritmo de vida actual. Incluso doy clases a norteamericanos que viven en Uruguay y que valoran mucho lo que esta práctica les aporta.

Así es que, mirando atrás, sé que mi esencia está y me acompañará siempre, aunque ya no sea aquella que entrenaba el día entero y que ponía su cuerpo al límite para mejorar y mejorar. Ahora sé que hay otra forma de vivir y que también la felicidad está allí. Descubrí que el sentimiento de competir conmigo misma sigue estando, sólo que ahora compito por ser cada día una mejor persona; compito por perfeccionarme espiritual y no solo físicamente. El Yoga me ayudó a conocerme y a crecer.

He oído a quienes piensan que no tienen tiempo para cuidar su cuerpo, por lo que mucho menos tendrán para ocuparse del espíritu. Sin embargo, es necesario que todos seamos amigos de nosotros mismos, que nos tomemos un tiempo para conocernos, para escribirnos, para hacer aquello que nos gusta. Y así, cuando logremos incorporar eso, podremos sentirnos felices por la enseñanza que nos brinda aquello que debemos hacer y no nos gusta.

Namasté

SANDRA EIRALDI.